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lunes, 2 de noviembre de 2026

Historia de Autillo de Campos (ca.900-2026)

Inicio con esta entrada un recorrido histórico por los pueblos cercanos a Fuentes de Nava que recorrí en mi  juventud, empezando por Autillo de Campos y continuando por Abarca, Castromocho, Villarramiel,  Frechilla y  Becerril de Campos. Como decía en la entrada del blog referida a los viajes veraniegos a Fuentes, los dos o tres últimos días de vacaciones los pasábamos en casa de mis tíos Angel y Afrodisia en el cercano pueblo de Autillo de Campos, a casi cuatro kilómetros de Fuentes. Tenían una casa grande, de dos plantas, a la entrada del pueblo, muy cerca de la iglesia de Santa Eufemia, cerca de la actual plaza de la Constitución y  a la izquierda del antiguo ayuntamiento del pueblo, actual centro social Doña Berenguela. El antiguo ayuntamiento se encontraba frente a la iglesia parroquial de Santa Eufemia y fue construido entre 1893 y 1901, según las inscripciones que conserva. Junto al Ayuntamiento se encontraba el popular bar de «La Tele», llamado así porque allí se instaló, durante los años setenta, uno de los primeros televisores del pueblo. Era un lugar habitual de reunión, especialmente después de la misa dominical

Ubicación

Autillo es un pueblo de reducidas dimensiones que, sin embargo, ocupa un lugar destacado en la historia medieval de Castilla. Fue aquí, en junio de 1217, donde tuvo lugar uno de los acontecimientos decisivos de aquella época: la proclamación de Fernando III como rey de Castilla. 

El pueblo se extiende por una llanura de suaves horizontes, atravesada por el río Valdeginate, cuyas crecidas han inundado tradicionalmente las praderas y terrenos bajos de sus alrededores. Se encuentra a 33 kilómetros de la capital. Limita con Abarca de Campos y Villarramiel por el sur, Frechilla por el norte, Guaza de Campos por el oeste y Fuentes de Nava por el este. Esta última localidad se encuentra a tan solo poco más de tres kilómetros. Por sus cercanías discurre también el ramal de Campos del Canal de Castilla. El núcleo urbano queda apartado de las carreteras principales que comunican Frechilla, Villarramiel y Fuentes de Nava, aunque dispone de varias vías locales que permiten acceder a estas poblaciones.

El nombre del pueblo procede del término latino "altum" relacionado con la idea de altura o elevación del terreno. En un documento de 1221 aparece mencionado como "Autiello" que se podría traducir como pequeño alto o altillo, algo muy curioso si tenemos en cuenta que la comarca se caracteriza precisamente por su horizontalidad.

Autillo de Campos probablemente se fundó como núcleo medieval a finales del siglo IX, aproximadamente entre los años 880 y 900, durante el proceso de repoblación cristiana de Tierra de Campos. No obstante, no disponemos de una fecha exacta de fundación. En el año 1059 encontramos una de las primeras referencias documentales concretas a Autillo, mencionado como cabecera de un alfoz (un tipo de demarcación territorial) en tiempos de Fernando I de León. Esto demuestra que a mediados del siglo XI ya era una población con cierta importancia administrativa. Según el investigador Marcial de Castro Sánchez  el núcleo primitivo de Autillo pudo encontrarse precisamente en la zona elevada de la actual calle del Castillo, próxima al río Valdeginate. 

Proclamación de Fernando III en Autillo como rey de Castilla

El episodio más relevante de la historia de Autillo de Campos tuvo lugar el 14 de junio de 1217, cuando el infante Fernando, hijo de Berenguela de Castilla y Alfonso IX de León, fue proclamado rey de Castilla. Para comprender la trascendencia de aquel acontecimiento es necesario situarse en el complejo escenario político de comienzos del siglo XIII. Tras la muerte del rey Alfonso VIII en 1214, el trono castellano pasó a su hijo Enrique I, todavía menor de edad. La regencia y la tutela del joven monarca provocaron fuertes enfrentamientos entre distintas facciones nobiliarias, especialmente entre los partidarios de su hermana Berenguela y los seguidores de Álvaro Núñez de Lara, uno de los personajes más poderosos de la nobleza castellana.

En aquellos años destacó la figura de Gonzalo Ruiz Girón, señor de Autillo, perteneciente a una importante familia nobiliaria. Hijo de Rodrigo Gutiérrez Girón y María de Guzmán, había desempeñado el cargo de mayordomo de Alfonso VIII desde 1198 hasta la muerte del monarca en 1214. También había participado, junto a varios de sus hermanos, en la batalla de Las Navas de Tolosa, librada el 16 de julio de 1212.

Gonzalo Ruiz Girón se convirtió en uno de los principales defensores de Berenguela frente a las pretensiones de Álvaro Núñez de Lara, quien ejercía una considerable influencia sobre el joven Enrique I. En medio de aquellas disputas, Berenguela encontró refugio y protección en Autillo de Campos, bajo el amparo de la familia Girón. La inesperada muerte de Enrique I, ocurrida en mayo de 1217, precipitó los acontecimientos. Berenguela, heredera legítima de los derechos sucesorios castellanos, renunció al trono en favor de su hijo Fernando. Fue en Autillo donde se produjo su proclamación como rey de Castilla, antes de que se celebrase en Valladolid el acto solemne que consolidaría su reconocimiento como monarca. Aquel episodio convirtió a esta pequeña villa de Tierra de Campos en escenario de un acontecimiento trascendental para la historia peninsular.

Conviene, no obstante, distinguir dos momentos históricos que a menudo aparecen confundidos en los relatos locales. En 1217 Fernando III accedió al trono de Castilla, mientras que la unión de las coronas castellana y leonesa en su persona se produjo en 1230, tras la muerte de su padre, Alfonso IX de León. Desde entonces, ambos reinos quedaron vinculados bajo un mismo soberano, un hecho decisivo en la formación histórica de la Corona de Castilla. Los acontecimientos de 1217 quedaron recogidos en la tradición cronística medieval, entre otras fuentes, en la "Estoria de España" impulsada por Alfonso X el Sabio, nieto de Fernando III, cuya narración permite acercarse al contexto político de aquellos años.

La desaparecida ermita del Castillo

La tradición local sitúa los acontecimientos de 1217 en las inmediaciones de la antigua ermita del Castillo, ubicada en la calle que todavía conserva ese nombre, en el suroeste del pueblo. La ermita desapareció en el siglo XIX, hacia 1850, pero durante mucho tiempo albergó una inscripción que recordaba la vinculación de aquel lugar con la proclamación de Fernando III. Hoy una placa conmemorativa señala el emplazamiento donde se encontraba el desaparecido edificio.

De aquella ermita procede también una de las imágenes religiosas más veneradas de Autillo: la Virgen del Castillo, conocida asimismo como Virgen de las Batallas. Se trata de una talla románica que, según la tradición, estuvo relacionada con Fernando III, de quien incluso se decía que la llevaba consigo durante sus desplazamientos. La imagen fue rescatada tras la desaparición de la ermita y trasladada a una capilla de la iglesia parroquial de Santa Eufemia, donde continúa recibiendo veneración. La memoria popular conserva igualmente el relato de que el joven Fernando rezó ante esta Virgen antes de convertirse en rey.

El palacio de los señores de Reinoso

Otra huella del pasado medieval se encuentra en las proximidades de la plaza del pueblo. Allí se conservaron durante muchos años restos de una antigua construcción de ladrillo, conocida popularmente como «el palacio», que algunos relacionan con el castillo o residencia señorial de doña Berenguela.  Fue donado al Ayuntamiento en 2019 y rehabilitado para sede del ayuntamiento y del consultorio médico. El 11 de junio de 2022 se inauguró la nueva Casa Consistorial tras una profunda obra de restauración y adaptación a  los nuevos usos.


La iglesia de Santa Eufemia


El edificio religioso más importante de Autillo de Campos es su iglesia parroquial, dedicada a Santa Eufemia, patrona de la localidad. El templo fue levantado durante la segunda mitad del siglo XVI. Sobre su crucero aparece grabada la fecha de 1598, que posiblemente corresponda a la conclusión de una parte importante de las obras. Construida principalmente en piedra y ladrillo, la iglesia presenta una amplia nave interior, articulada mediante pilastras adosadas a los muros.  Su cubierta está formada por bóvedas de medio cañón con lunetos, mientras que el crucero se remata con una cúpula rebajada. La fachada principal, de estilo neoclásico, corresponde a finales del siglo XVIII y está presidida por una escultura de Santa Eufemia. A un lado se eleva la torre de ladrillo, construida a finales del siglo XVI. El interior conserva un notable conjunto de obras artísticas de distintas épocas, especialmente de los siglos XVI al XVIII. En el lado del Evangelio destacan una pila bautismal del siglo XVI, tres retablos barrocos y un púlpito perteneciente al mismo estilo.
 
El presbiterio está presidido por un gran retablo mayor, realizado por Pedro Bahamonde en 1732, que reúne diversas esculturas y constituye una de las piezas artísticas más relevantes del templo.En el lado de la Epístola se conservan otras obras de interés, entre ellas una pintura de Cristo crucificado de finales del siglo XVI, una escultura de San Antonio de Padua de mediados del XVIII y una tabla que representa la predicación de San Juan Bautista ante Herodes, relacionada con el círculo del maestro de Becerril. También merece atención una pintura de la Transfiguración del Señor, copia de una composición de Rafael, fechada a finales del siglo XVI. El coro alberga un relieve de los doce apóstoles, mientras que en la sacristía se conservan una tabla del Entierro de Cristo y una pintura de la Inmaculada Concepción de mediados del siglo XVII. Completa este conjunto patrimonial un órgano barroco, restaurado en época reciente, testimonio de la importancia que la música litúrgica tuvo durante siglos en las iglesias castellanas. La iglesia de Santa Eufemia custodia asimismo la imagen de la Virgen del Castillo, especialmente querida por los habitantes de Autillo y estrechamente vinculada a la memoria medieval de la población.

La historia de Autillo de Campos demuestra que el protagonismo de una localidad no siempre guarda relación con su tamaño o con su población. En este pequeño rincón palentino se entrecruzan la memoria de las grandes familias nobiliarias medievales, los conflictos sucesorios de la monarquía castellana, las devociones religiosas que han atravesado los siglos y un patrimonio artístico que merece ser conocido y preservado. El recuerdo de Berenguela, Gonzalo Ruiz Girón y Fernando III sigue formando parte de la identidad de Autillo, mientras que la iglesia de Santa Eufemia, la Virgen del Castillo y las antiguas calles del pueblo conservan los testimonios materiales y simbólicos de aquel pasado. Hoy, cuando la despoblación amenaza la continuidad de tantos pequeños núcleos rurales, recuperar y divulgar estas historias constituye también una manera de mantener viva la memoria de Tierra de Campos.

Fiestas y tradiciones

El calendario festivo de Autillo de Campos está presidido por dos celebraciones religiosas que mantienen viva la identidad de la localidad. La festividad de Santa Eufemia, patrona del municipio, tiene lugar el 16 de septiembre y constituye una de las principales citas del año para los vecinos y quienes mantienen sus vínculos familiares con el pueblo. Otra celebración destacada es la de la Virgen del Castillo, cuya fiesta se celebra el viernes anterior a Pentecostés. La devoción a esta imagen hunde sus raíces en la tradición medieval y en su vinculación con el recuerdo de Fernando III y doña Berenguela. Doña Berenguela da,  por otra parte, nombre al centro social del pueblo. Está situado en el nº 4 de la calle Solana y es la continuación del histórico bar de «La Tele», situado junto al antiguo Ayuntamiento.

Evolución histórica de la población de Autillo de Campos

Como tantas otras localidades de Tierra de Campos, Autillo ha experimentado una profunda transformación demográfica desde mediados del siglo XIX.  A mediados del siglo XIX, Autillo se acercaba a los 800 habitantes. En 1900 todavía contaba con 687, pero tres décadas después su población se había reducido a 520. En 1960 eran 448 los residentes, y a comienzos del siglo XXI apenas superaban el centenar y medio. Según  datos recogidos en el INE, en 2025 el municipio tenía 125 habitantes, lo que supone una reducción aproximada del 84 % respecto a 1842. Esta evolución refleja un fenómeno común a buena parte de los pequeños municipios de Tierra de Campos: la pérdida progresiva de población, el envejecimiento y las dificultades para mantener los servicios y la actividad económica. Sin embargo, Autillo conserva un importante patrimonio histórico, artístico y cultural que forma parte de la memoria colectiva de la comarca.

 

domingo, 1 de noviembre de 2026

Dichos y palabras palentinas (y II)

ACTUALIZADA (1-11-26): Actualizo esta segunda entrada sobre dichos y palabras palentinas con nuevos términos que he ido recuperando en los últimos meses y que se unen a los aparecidos en la entrada que titulé como "Los dichos de la doña". son palabras  que también escuché en casa y que ordeno por orden alfabético, con un pequeño resumen de su significado y contexto. No son todas pero son una buena parte de las que recuerdo haber escuchado a mis padres. Junto al aspecto puramente semántico se daban igualmente otros muchos fenómenos en el léxico palentino, -como argumenta Carlos Vielba en su tesis doctoral "El léxico de la montaña palentina" de 2011-: que también he reconocido y recordado de infinidad de conversaciones. Reproduzco solo aquellos fenómenos que escuché en algún momento  y que tengo incorporado a mi acervo familiar. Entre ellas como señala Vielba en su tesis: el síncope de palabras y de vocales: "está mu guapa", "te (he) visto"; el cierre de vocales finales: "está acatarrao"; las prótesis vocálicas "arrascar, ajuntar";  la metátesis vocal "aolmada" en vez de "almohada"; la sustitución de una silaba por una vocal en "alante" por "delante", o "abajo" por "debajo" y el apocope "p´alante" en vez de "para adelante" también muy utilizada en otros lugares ; la formación de diptongos: "cistierna" por "cisterna"; sustituciones de la h por la b:  "buevos", o por la g: en "guele"; la pérdida de la "d" en ciertas terminaciones: "sudao", "prao", entre otros.

La modificación del imperativo plural: "marchar" en vez de "marchad"; la pérdida de  la "g" intervocálica: "miaja" en vez de "migaja". La b sustituida por la g en "agüela". La r y la l  sufren a veces cambios en "grabriel", "enquencle" o  "cluquillo". En otros casos hay neutralización entre la l y r: "frequillo", "salampión" o entre la l y n: "cuchitrin".  A menudo desaparece la d inicial de los verbos: "escogotar" (a mi madre le oí muchas veces "te voy a escocotar"), "esbaratar", "esbrozar", "esconcertado", "esgajar",  "eslomar", "esmangar","espeñadero","estrozar".Hay apocopes y contracciones en  adverbios y otras palabras: "to" (todo), "na" (nada), "pa" (para), ca (casa), "pal" (para el),   "pol" (por el),  "tol mundo" (todo el mundo). La utilización del artículo junto a los nombres propio: "la Pepa". 

A

  • Agudo: Rápido, date prisa...

  • alabancioso → presumido, que se alaba mucho. → “Es muy alabancioso.”

  • alante / lante → adelante. → “Tira alante.”

  • amarranado → sucio. → “Está amarranado.”

  • amurriarse → ponerse mohíno, triste o enfadado. → “Está amurriado.”

  • aparranado → plantado, agarrado a un sitio. → “Se quedó allí aparranado.”

  • arrebujar → Doblar, hacer un ovillo, envolver desordenadamente, arropar, envolver (con manta/ropa).→ “Se arrebujó en la manta.”

  • arrejuntar / ajuntarse → juntar(se), reunirse, convivir sin estar casados, arrimados. → "Están arrejuntados", "Se arrejuntaron en la plaza.” Llevarse bien con otro, especialmente los niños. (Ya no te ajunto...).

  •  atropar → amontonar, juntar sin orden. → “Ha atropado toda la ropa en un rincón.”

  • azorado → cortado, confundido, sorprendido. → “Se quedó azorado.”

  • Acenoria: Zanahoria, Acenorio, como insulto, eres un acenorio

  • Ahuecar el ala: Huir, desaparecer. ( Ahueca el ala ! significa, vete ! Ver también Ospa ! y Arrea !)

  • Airejón: Dícese cuando hace mucho viento. " Hace un airejón...!

  • Arrancar: Normalmente recorrer legumbre a mano.

  • Arrea !: Significa que te vayas. También "Arreando que es gerundio..." Ver también Ospa ! y Ahueca el ala !

  • Atizar: Encender la madera y paja para calentar la trébede. También se dice enrrojar.

  • Aviado: Cuando a alguien le cae una fortuna o una desgracia. Vas aviado !!

B

  • birojo → bizco; con los ojos desviados; también “con mala cara”. → “Está birojo.”

  • Banzo: Badén, desnivel, escalón.

  • Bien y tú: Hola. Cuando te encuentras con alguien, en lugar de hola, se dice bien y tú.

C

  • cacho → trozo, pedazo. → “Dame un cacho.”

  • cacharro → objeto/utensilio; también coche viejo o trasto. → “Ese coche es un cacharro.”

  • cachazas → lentitud, parsimonia. → “Tiene unas cachazas…”. Otros significados: cachazas (tener) → ser lento. → “Con esas cachazas no llegas.” cachazas / cachazas de… → (uso intensivo) mucha calma. → “Lo hace con cachazas.” cachazas / cachazudo → persona lenta. → “Es cachazudo.” cachazas / cachazas → (coloquial) calma excesiva. → “Vaya cachazas.”

  • cagalita  o cagarruta  → bolita de excremento (animal). → “El camino está lleno de cagarrutas.”

  • cacagüeses → cacahuetes

  • cagueta → miedo, cobardía repentina. → “Le entró la cagueta.”. También se aplica a una persona: "es un cagueta", refiriéndose a una persona miedosa

  • cantamañanas → informal, fantasma; el que promete y no cumple. → “Es un cantamañanas.”

  • capazo → cesto grande para cargar. → “Llenó el capazo.”

  • Cabestro: Duro de mollera, tozudo.

  • Cagalitas.- Excrementos de las ovejas, y también de cabras y conejos

  • Calcarse: Apoyarse, empujar a otro. "No te calques tanto...", es "no te apoyes tanto en mi".

  • Canoro: Tonto, bobo...

  • Carriola.- Remolque.

  • cárcava → zanja/barranco producido por el agua en el terreno. → “La cárcava se llevó la linde".

  • cencerro → campano para el ganado; también ruido molesto. → “Se oye el cencerro.”

  • ceporro → zoquete, torpe. → “Eres un ceporro.”

  • Chichurre: Es el caldo resultante de cocer las morcillas y se suele consumir como una sopa, sobre todo, cuando se está elaborando la matanza.

  • Chito: Perro. También voz que se utiliza para ahuyentar a los perros. Vete Chito... !!

  • Coger: Caber, entrar. "arrejúntate un poco más, que no cogemos los dos"

  • Comistrajo: Que come poco y mal. "Este niño es un comistrajo."

  • Cornejal: Esquina, borde. También parte mas saliente de un objeto. "Tenía la costumbre de sentarse en el cornejal de la silla"

  • Coscorrón.- Costra tostada y crujiente propia de la sopa de coscorón que queda adherida al puchero en la zona más expuesta a la lumbre o fuente de calor. Golpe en la cabeza. → “Se llevó un coscorrón.”

  • Cascajos, cascajera: Tierras pedregosas ,indicadas para viñedos.

  • Chiguito: Niño.

  • Convidar.- Invitar

  • Corresponde: Se refiere a que hay corriente de aire.

  • Chisquero: Mechero.

  • chamizo → cobertizo pobre → “Se metió a pasar la noche en el chamizo.”

  • chapa (dar la) → hablar pesado, insistir, molestar. → “Me está dando la chapa.”

  • chaveta (irse la) → perder el juicio, descontrolarse. → “Se le fue la chaveta.”

  • chicha → sustancia, interés, “lo importante”. → “Eso no tiene chicha.”

  • chicharra / grillo → insecto (cigarra/grillo según zona).

  • chingar → fastidiar/estropear; también “molestar”, joder (en su doble acepción) (vulgar). → “No andes chingando.”

  • chirimiri → llovizna fina. → “Está con chirimiri.”

  • chiscar  → prender con el chisquero o mechero; 

  • jiñar: hacer de vientre (vulgar, calé). → “Se jiñó.”

  • chiflar / chifla → silbar. → “silbato.”

  • choclos / zuecos → calzado de madera o similar. → “Se puso los zuecos.”

  • chupar / fumar → fumar; también beber alcohol. → “Salió a chupar/fumar.”

  • chupa  → mojadura a causa de la lluvia. "Menuda chupa te has cogido"

  • churrusco / currusco → trozo duro/tostado de pan. Extremo de la barra de pan. (la punta, el “currusco”). → “Se comió el currusco

D

  • desbaratar / esbaratar → estropear, deshacer, arruinar. → “No lo esbarates.”

  • descojonarse → reírse muchísimo (vulgar). → “Me descojono.”

  • despelotarse → desnudarse; también alborotarse. → “Casi se despelota.”

  • despiporre → juerga, desmadre, alboroto. → “Aquello fue un despiporre.”

  • despotorro → descojono. Pasarlo en grande. Gran hilaridad

  • descuajeringar / escuajeringar → desarmar, romper, dejar hecho polvo. → “Lo descuajeringaste.”

  • deslomar / eslomar → dejarse la espalda trabajando. → “Nos deslomamos.”

  • dar estopa / repartir estopa → regañar fuerte, dar caña; también pegar. → “Repartió estopa.”

E

  • empapuzarse / empapizarse → empaparse; también pringarse o llenarse (comida/agua). → “Acabó empapuzado.”

  • encenagarse → meterse en cieno/barro; embarrarse, enfanagarse. → “Se encenagó.”

  • ende → desde (forma dialectal). → “Ende ayer…”

  • enjaretar → endosar/colocar algo a alguien (un trabajo, una obligación). → “Me enjaretó el marrón.”

  • entavía / entiavía / todavía → todavía/aún. → “Entavía no ha venido.”

  • equilicua → “pues claro / ya ves / así es” (muletilla). → “Equilicua, ¿qué esperabas?”

  • escaldar → quemar con agua caliente; también asustar/escarmientar. → “Casi se escalda.”

  • escamar → mosquear, dar mala espina. → “Eso me escama.”

  • esconderite / escondite / escondeverite → juego de esconderse. → “Jugaban al esconderite.”

  • esconcertado → desconcertado. → “Andaba esconcertado.”

  • escogotar → fastidiarse el cuello/espalda (cargar, mala postura). → “Se escogotó.”

  • escojonar → romperse del todo (máquina/objeto); también asustar mucho (vulgar). → “Se escojonó el motor.”

  • escolgar → colgar mal, quedar descolgado. → “Quedó escolgado.”

  • escornar → darse un golpe con un saliente/esquina; también “embestir”. → “Se escornó.”

  • escurrir  →  Apurar los restos o últimas gotas de un líquido que han quedado en un recipiente.

  • esmigado → hecho migas. → “Pan esmigado.”

  • esmocharse → golpearse con la cabeza

  • esmorrarse → caerse de bruces. → “Se esmorró.”

  • espantajo → persona/figura desaliñada; “mamarracho”. → “Parece un espantajo.”

  • espanzurrar → aplastar/reventar y desparramar. → “Lo espanzurró.”

  • espabildadejo → listillo; espabilado con punto de insolente. → “Va de espabildadejo.”

  • espichar → pincharse (rueda) o morir (muy coloquial). → “La rueda espichó.”

  • estrozar → destrozar. → “Lo estrozó.”

  • estremar→Limpiar, dejar ordenado y limpio un lugar. (No confundir con extremar)

  • Encá: En casa de. Voy encá de...

  • Entumido: Torpe para moverse por efectos del frío. Entumecido por el frio.

  • Enrrojar.-Atizar. Encender la gloria o trébede quemando paja o leña

  • Esbaratar: Desbaratar, romper o estropear algo.

  • Escagarruciao: Personas o animales que están sucios de excrementos.

  • Estar como un tito: Estar muy moreno. "Estuvo al sol y se ha puesto como un tito."

  • Esquila: Campana de pequeño tamaño.

  • Estrullón.-Desconchón. Desprendimiento de parte del raseado o enlucido de una pared. Que falta el yeso en la pared.

F

  • facha → aspecto, pinta, cara. → “Qué facha traes.”

  • faldriguera → bolsillo, faltriquera. → “Guárdalo en la faldriguera.”

  • farolero → embustero, fantasma. → “Es un farolero.”

  • finado → difunto (respeto/coloquial). → “Mi finado abuelo…”

  • fisgar → curiosear/mirar disimulando. → “Deja de fisgar.”

G–H

  • guapín / monín → guapo, apañado, gracioso. → “Va monín.”

  • guindar → robar/quitar; también lanzar. → “Me guindó el bocata.”

  • guipar → ver, pillar, darse cuenta. → “Le guipé.”

  • gollete (beber al) → beber a morro de la botella. → “Bebe al gollete.”

  • hospe / hostia → exclamación (más o menos fuerte). → “¡Hospe!”

  • Horrura: Espejismo producido por el calor

  • Gargajo: Escupitajo.

  • Golondrón: Lio. "Para qué me meteré en éstos golondrones."

I–J

  • indición / inyección → inyección (forma popular). → “Le pusieron una indición.”

  • Jibar: Fastidiar, molestar. (No te jiba...)

  • Jijas: Picadillo de chorizo fuera de su tripa. Persona endeble

L–M

  • locada → locura, ocurrencia disparatada. → “Vaya locada.”

  • marimacho → mujer con modales considerados “masculinos” (término tradicional; hoy puede ser despectivo). → “La llamaban marimacho.”

  • mistela → licor elaborado con la mezcla de mosto de uva y alcohol. Generalmente de sabor dulce, se toma como acompañamiento de los postres.

  • morretes → morros; gesto de disgusto. → “Se quedó con morretes.”

  • muslamen → muslos (en conjunto). → “Me duele el muslamen.”

  • mustela → comadreja

  • Mondongo.- Masa mondonguera, con todos los ingredientes para hacer morcillas. Se llena la tripa y se ponen a cocer con el chichurre.

  • naide → nadie. → “No vino naide.”

N–P

  • nevisquear → caer nieve fina o aguanieve. → “Está nevisqueando.”

  • orejuela → dulce de oreja (masa frita típica). → “Comimos orejuelas.”

  • orillar → apartar, arrimar a un lado. → “Orilla un poco.”

  • parva (echar la) → charlar, pasar el rato hablando. → “Nos quedamos echando la parva.”

  • pava (hacer la) → hacerse el tonto/estar distraído. → “No hagas la pava.”

  • pernil → jamón/pierna (según contexto). → “Cortó pernil.”

  • pici(e)ro → el que hace una “picia” 

  • pingarse / mojarse → mojarse, empaparse. → “Me pingé entero.”

  • pispar → robar/quitar con disimulo; coger rápido. → “Me pispó las llaves.”

  • pispejo → listillo, espabilado (a veces presuntuoso). → “Va de pispejo.”

  • potear → ir de vinos/bares. → “Vamos a potear.”

  • pribarse → emborracharse/colocarse. → “Se pribó.”

  • pilila → pene (infantil/coloquial). → “El crío dice ‘pilila’.”

  • Nabo: Abulto, Troncho, Simple, de pocas luces...

  • Orear: Ventilar

  • Ospa !: Arrea, ahueca el ala, vete de aquí a toda leche...!

  • Pardal.- Gorrión

  • Parva. Elevación o montículo de tierra o grano.

  • Perantón.- Tonto, bobo

  • Pernales.- Chico travieso, valiente. y descarado.

  • Persinarse: Santiguarse, hacer la señal de la cruz. (persignar, segun la RAE)

  • Piltra: Cama.

  • Pitera.- Gotera. Piquera, Agujero pequeño en cualquier cacharro o recipiente por donde se escapa cualquier liquido.

  • Poyata.- Espacio delante de las ventanas donde se pueden "apoyar" objetos.

  • Pretender: ir a buscar novia a otro pueblo.

Q–R

  • quinquillero → (trad.) vendedor ambulante; hoy puede usarse como “trapichero” o despectivo según contexto. → “Anda de quinquillero.”

  • quisqui (todo) → todo el mundo. → “Lo sabe todo quisqui.”

  • Qué de...: Cuanto/a. Ejemplo: "Qué de gente" = "Cuanta gente".

  • Quicial.- El arco de una puerta.

  • raer → raspar, rascar quitando. → “Raer la pared.”

  • rebusnar → rebuznar; por extensión, reír o gritar feo. → “No rebuznes.”

  • regañar → reñir, echar la bronca. → “Le regañó.”

  • resmeado → humedecido

  • retintín → tono irónico, con mala intención. → “Lo dijo con retintín.”

  • revenido → pasado, rancio o estropeado (comida); . → “Está revenido.”

  • rular → funcionar. → “Eso ya no rula.”

  • Rodea.- Servilleta, paño de cocina.

S–T

  • soba → paliza (según contexto). → “Le dio una soba.”

  • tartaja → tartamudez; habla entrecortada. → “Le dio la tartaja.”. "Es un tartaja"

  • tartana → carro/vehículo viejo y destartalado. → “Vaya tartana.”

  • tarugo → zoquete; también palo grande. → “No seas tarugo.”

  • telares → ropa/“trapos” (en conjunto), trastos ("Esta habitación está llena de telares").También líos/complicaciones 

  • tortilleja → tortilla pequeña (o pincho de tortilla, según casa). → “Puso una tortilleja.”

  • trafullero → tramposo, embaucador. → “Es un trafullero.”

  • tragaldabas → muy comilón. → “Menudo tragaldabas.”

  • trasto → cacharro/molesto; objeto que estorba. → “Quita ese trasto.”

  • tufada → olor fuerte/ráfaga de olor; también bocanada de aire caliente. → “Qué tufada.”

  • tunante → pícaro, sinvergüenza simpático. → “Es un tunante.”

  • Tazar.- Romperse cualquier tejido por el propio uso, roce o desgaste. Ver también "estazar".

  • Tejemaneje.- Lío.

  • Terita: Débil de carácter, Pusilánime...

  • Tolón.- Persona simple, sin luces.

  • Tolondrón: Tolón.

  • Trébede.-Suelo bajo el cual se quema madera y sirve para calentar.

  • Troncho.- Véase "Abulto."

  • Turca: cama o diván de madera de pequeñas dimensiones.

V–Z

  • varear → sacudir (árboles para fruto), dar varazos. → “Varear los olivos.” también se vareaban los colchones de lana.

  • venado → alocado, obcecado, fuera de sí. → “Está venado.”

  • virote → flecha/perno; por extensión, salir disparado. → “Salió como un virote.” En mi casa lo escuché en el contexto "tieso como un virote"

  • vocear → gritar, pregonar. → “No hace falta vocear.”

  • vienen maldadas → se pone feo; vienen tiempos difíciles. → “Vienen maldadas.”

  • Y tu de quien eres: De que familia eres

  • Zorrostrón: Rasponazo herida en la piel por roce o caída.

  • zampurrear → zampar (comer o beber apresurada o  excesivamente) 

Con esta actualización no se agotan los términos. Si recuerdo nuevas palabras o expresiones las incorporaré en próximas entradas del blog.

lunes, 12 de octubre de 2026

Recuerdo de mi colegio (1968). Con mi hermano Luis Angel

Esta foto me ha acompañado buena parte de mi vida. Data de septiembre u octubre de 1968, hace nada menos que 58 años, cuando tenía todavía cuatro años de edad y cursaba el Párvulos con la señorita Ramonita en las antiguas e históricas Escuelas del Ave María de Pamplona. Recuerdo que fue una tarde otoñal en la que le llamaron a mi hermano Luis Angel,  -que entonces tenía nueve años y  también estaba estudiando en las mismas escuelas con Don Germán Tabar-,  para que saliese de la clase a hacerse una foto conmigo. El fotomontaje lo hicieron entre la aulas de Parvulos y la Ramonita. Un bonito recuerdo. Una foto que es todo un símbolo. Mi hermano Luis Angel me ha ayudado y protegido a lo largo de  mi existencia y juntos, en la casa familiar, pasamos los últimos años de nuestras vidas.

domingo, 6 de septiembre de 2026

El calor abrasa

El sol se encuentra en su punto más álgido, presidiendo, en el centro del azulísimo firmamento, la vasta llanura castellana. El aire abrasa los campos, los encinares, los caminos, antaño polvorientos, hoy cubiertos de una negra capa de asfalto. Los pueblos, diseminados aquí y allá a lo largo de esta Tierra de Campos, yacen abrasados por este calor que se pega y penetra hasta la médula. Los rayos del sol se estrellan contra las agudas torres de las iglesias que, aquí y allá, como si de las almenas de un imaginario castillo se tratase, jalonan la llanura. Gotas de sudor caen por mi frente, la luz deslumbra y ansío encontrar la agradable sombra de un árbol, allá en la lejanía. Solo la suave brisa producida por el propio avance de la bicicleta alivia mi fatiga y mi creciente somnolencia. Quema el sol las espigas de los inmensos trigales.

Atrás queda el pueblo, con su iglesia, sus silos y palomares —altas torres redondas, blancas y rojas—. Y a un lado, a cierta distancia, queriendo marcar la diferencia entre el mundo de los vivos y el de los muertos, allá, circundado por una alta tapia y una pequeña y sobria capilla, inmutable, silencioso, permanece el camposanto, sembrado de decenas de cruces alrededor de las cuales, como fruto y símbolo de la unión con la tierra, se erigen algunos cipreses —mástiles de soledad, como dijera el poeta—.

Acabo de dejar la negra carretera y enfilo un pedregoso y polvoriento camino que me conducirá, tras subidas y bajadas, hasta las orillas del canal, donde diviso una hilera de árboles. ¡Oh, alivio de mis sudores! Al fin encuentro un respiro a mi fatiga. Tras apearme de la bicicleta y dejarla junto a un árbol, me echo sobre la hierba seca. Las hojas de los árboles impiden que el sol me siga cegando. Una débil frescura se hace notar, debida tal vez a la sombra de los árboles, tal vez al agua del canal que a mi diestra corre. Todo lo impregna la bulliciosa música campestre: el aire al chocar contra las hojas, el canto de los pájaros, el suave fluir de las aguas, el zumbido de las moscas, el croar de las ranas que anidan en el ancho barrizal, lleno de juncos y hierbas, debajo del viaducto. Música silenciosa que no rompe ningún ruido artificial.

En la otra orilla del canal se distingue la esbelta silueta de la torre de la iglesia de un pueblo abandonado, fantasmal, Abarca, rodeada por una frondosa arboleda. Allá, a la sombra de aquel apacible encinar, me asaltan un montón de pensamientos, sensaciones, que hacen que me olvide de que el tiempo pasa y de que debo volver al pueblo, pues es la hora de comer. 

De nuevo vuelvo al camino polvoriento; el canal, el encinar, el viaducto quedan atrás. De vez en cuando, imperceptiblemente, casi sin pensarlo, vuelvo la cara hacia atrás... Enfrente, el pueblo... El calor abrasa.

Escrito en 1981 en Pamplona, a los 17 años

Anochecer en Castilla

Está anocheciendo. El sol nos regala sus últimos rayos de luz, antes de ocultarse definitivamente en el horizonte. No, aquí no se oculta tras una montaña como en mi tierra, aquí en esta inmensa llanura, el sol puede ser admirado en toda su grandeza crepuscular.

Allá, justo detrás del pueblo, el cielo adquiere una tonalidad rojiza, en contraste con los inmensos campos de trigo, amarillos ellos.

Estoy a las afueras, encima del pretil del puente, contemplando el paisaje. Las casas se mezclan en una abigarrada masa color ocre, ocre como la tierra en que están asentadas y de la que hechas están, como la tierra que verano tras verano hace cubrir de amarillo toda la vasta superficie que a nuestra vista se extiende. Se oscurece el cielo pasando de un azul oscuro a un intenso negro salpicado por innumerables estrellas relucientes.

Me levanto del pretil y camino entre las oscuras callejas, angostas, pedregosas, llenas de guijarros y de polvo, tan solo iluminadas por algunos pequeños farolillos, colgados a la vuelta de cualquier esquina.

De vez en cuando el silencio se ve roto por el ladrido de un perro o el repiquetear de las esquilas de algún rebaño de ovejas que, después de todo un día apacentando en estos campos, van a pasar la noche en la tenada de una de las casas del pueblo. Paso por la plaza, vacía también, y enfilo mis pasos a la casa de mi tía, donde me espera, como de costumbre, la cena y el sueño, producto del cansancio y la fatiga de todo un día en los Campos de Castilla.

Escrito el 15 de agosto de 1981. Fue el primer microrrelato de mi época juvenil, con apenas 17 años.

Nieva en Castilla

Un viento helado cruza la inmensidad de la llanura; el cielo está cubierto por un manto blanquecino. A medida que pasa el día y se acerca la noche, nubes cenicientas ensombrecen los pueblos de Tierra de Campos. Los pájaros hace tiempo que dejaron de alegrar los campillos amarillentos y los campanarios de las aldeas. Los árboles esqueléticos han perdido sus mustias copas otoñales, dejando al descubierto sus ramas descarnadas. Ya han dejado los pastores de llevar los rebaños al campo, y pasean por las callejas cubiertos cuello y boca con sus largas capas; junto a ellos, el fiel perro que ladra de vez en cuando con una queja lastimera. Y la vasta llanura ha entrado en la larga noche invernal.

Acaba de anochecer; las nubes han tomado una tonalidad rojiza. Caen los primeros copos de nieve, monótonos, silenciosos, sobre la fría tierra. A través de la ventana contemplo la oscuridad salpicada de blanco. Hace frío. Afuera silba el aire helado, la ventisca. Nadie pasa; todo está desierto: las callejas, el campo. En casa, la familia charla al calor del hogar.

La nieve sigue cayendo impasible sobre los senderos, sobre los tejados, sobre los que en otro tiempo fueron polvorientos caminos. Contemplo desde la ventana la oscura silueta de la torre de la iglesia, separada del resto del templo como un mástil que se eleva al cielo, alta y sombría. Bajo el campanario, la esfera del reloj luce mortecina, como todas las noches. Afuera, la nieve hace remolinos. Duerme la casa entera, envuelta en la madrugada invernal.

Pasan las horas. Llega el día. La vasta llanura castellana está cubierta por un inmenso manto de nieve. No se distinguen las negruzcas carreteras. Todo lo cubre: campos, tapias, tejados y chimeneas. A la pálida luz de la mañana, el pueblo ofrece una visión singular. Las rachas de ventisca han agolpado la nieve junto a los cristales y en el zaguán de las puertas. La noche ha congelado el chorro de las fuentes, y de ellas cuelgan duros y alargados chuzos.

Ahora no nieva, pero sigue soplando un aire gélido. El cielo, ora blanco, ora gris, amenaza con otra nevada. En la lejanía, la llanura se extiende toda blanca. Los árboles que bordean el Canal están vestidos de escarcha, como los puentes que sortean su curso. Allá en el horizonte se dibujan otros pueblos como este, con sus altas torres recortándose en el cielo gris y sus tejados nevados. Corre el viento por la fría Tierra de Campos, y la nieve vuelve a caer, silenciosa. Grises tierras, pardas casas de adobe. Una oscura melancolía me embarga al recordar el caluroso verano y el triste otoño.

Pamplona. Octubre 1981

Amanecer en Castilla

Estoy despierto. La luz de la mañana penetra entre las estrechas rendijas de la persiana aún cerrada. Oigo el canto del gallo y el cacarear de las gallinas, junto a la ventana de la habitación que comparto con mi abuelo, ya que el corral se encuentra justo al lado. Un nuevo día ha amanecido. En casa todavía nadie se ha levantado. Mientras tanto reflexiono sobre mi recién llegada, ayer, a estas tierras castellanas, y pienso que esta llanura inmensa, este cielo infinito, esos árboles solitarios que bordean el Canal, esos pueblos que mires donde mires divisas en el horizonte, todo ello guarda una belleza especial para mí.

Enseguida me levantaré y, tras desayunar, cogeré la bicicleta azul de mi tía para darme una vuelta por los alrededores, aprovechando la frescura de la mañana. Justo delante de la casa, y un poco a la derecha, se encuentra la iglesia de Santa Eufemia y su torre exenta. Y a la salida del pueblo, el Palacio de Ruiz Girón, que fue residencia de la reina Berenguela cuando abdicó en su hijo, el rey Fernando III el Santo, que unificaría los reinos de Castilla y León. Disfrutaré de las largas carreteras solitarias, de las conversaciones con los lugareños, de estos paisajes únicos, con sus casas de adobe y sus palomares, sus torres eclesiales milenarias. Aquí el ritmo de la vida es diferente, más lento y contemplativo.

A mi recuerdo llegan, en ese momento del despertar, imágenes del pasado, de otro pueblo cercano a Autillo, situado a cuatro kilómetros: Fuentes de Nava, el pueblo de mi familia. Recuerdo su plaza principal, con sus bancos de colores, la iglesia de San Pedro con su esbelta torre que se erige y se eleva hacia el cielo azul, perfilándose como un agudo estilete entre el resto de las casas, como un baluarte en medio de la vasta llanura castellana.

A mi recuerdo llega también una estrecha y retorcida calleja, antes pedregosa, ahora pavimentada de cemento, y al final de aquella, en un recodo, la casa de los abuelos, grande para mí en aquellos lejanos años de la infancia: su puerta roja, pesada, claveteada, con aquel agujero en medio —tal vez imagino fantasiosamente que de un disparo de fusil— que servía como mirilla; el suelo del pasillo que ascendía a las habitaciones, cubierto de baldosas rojas; la pequeña cocina, a un lado el fogón con su ancha chimenea, al otro la mesa en la que nos juntábamos a comer toda la familia.

Y, en medio de aquella estancia, una puerta que llevaba al corral y que, al abrirse y cerrarse, emitía siempre un suave chirrido. Y los gatos, aquellos pequeños animalillos que, al verme, huraños, se escondían o subían escaleras arriba a la lóbrega panera, oscura, donde tan escasas veces pude subir.

Recuerdo aquel pasillo que subía a las habitaciones, y aquellos escalones tan altos para mí. ¡Cuántas imágenes se amontonan en mi cabeza!, ¡cuántos años ya de aquello!

Hoy, de nuevo, estoy aquí, en esta tranquila Tierra de Campos, un lugar que invita a la reflexión, a la lectura sosegada, a la escritura, como estoy haciendo en estos momentos, transcribiendo mis primeras sensaciones.

Alguien entra en la habitación y abre las ventanas de par en par, por las que se introduce ahora una deslumbrante claridad.

Autillo de Campos. Agosto 1982.